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Introducción

La moneda de papel surge por primera vez en la vida comercial de nuestros territorios a fines del año 1816 con la llegada de los invasores portugueses que, una vez tomada la ciudadela de Montevideo, vertieron cantidades caudalosas de monedas de cobre, metal no utilizado hasta entonces en la acuñación de monedas en las colonias españolas y papel moneda del mismo origen.

 

El rechazo por parte de los habitantes de Montevideo fue total, negándose a aceptarlos como forma de pago.
Diez años más tarde dispuesta a recuperar los territorios de la Provincia Oriental, las Provincias Unidas del Río de la Plata envían sus ejércitos libertadores y con la finalidad del pago de los mismos ordena la instalación en nuestro territorio de una Caja Subalterna del Banco Nacional de Buenos Aires con el fin de emitir papel moneda.
Instalada en Paysandú en Mayo de 1826, será rápidamente trasladada a San José y posteriormente a Canelones en donde se procederá a su liquidación en abril de 1829.

 

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Obsérvese las iniciales al pie del billete P.O.   (Provincia Oriental). 
 
 
Este papel moneda corrió casi la misma suerte que el de los portugueses; rechazado por comerciantes y público en general, no tuvo más que una muy limitada y efímera circulación.
 
Billetes con carácter de moneda corriente según Edicto del 20  de octubre de 1826  firmado por Joaquín Suárez y Juan F. Giró
 
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Constituida la República, no se emitirá oficialmente papel moneda, salvo casos excepcionales hasta 1896 en que el Estado acuerda la creación del Banco de la República Oriental del Uruguay, otorgándole el exclusivo privilegio de emitir monedas y papel moneda.

 

Durante este largo período de casi 70 años la emisión de papel moneda estuvo a cargo de instituciones del Estado, sociedades de cambios y bancos privados que fueron autorizados por el Estado a emitirlos en las condiciones que éste estableció.