En función de estos antecedentes se valoraron los siguientes aspectos de la política monetaria:
Durante este segundo trimestre del año la demanda de dinero ha crecido de manera sostenida, por encima de los niveles esperados, principalmente guiada por un motivo de precaución ante la incertidumbre creada por la emergencia sanitaria. En este marco se verificó una variación interanual del agregado monetario M1' de 11%.
Dicha variación excedió las previsiones realizadas a principios del segundo trimestre, cuando el rango indicativo se ubicó en niveles de expansión entre 3% y 5%, mostrando una mayor preferencia por liquidez de parte de los agentes económicos ante la incertidumbre generada por la pandemia. La pauta indicativa fue revisada al alza en el COPOM del mes de mayo a niveles esperados de expansión del agregado monetario de 7,5% interanual para el trimestre, pero la decisión de la política monetaria fue acompañar dicha expansión hasta mayores niveles de tal forma de poner condiciones monetarias que no fueran una restricción para la actividad económica.
En este período los bancos incrementaron sus reservas líquidas, mientras que el sector no financiero (familia y empresas) realizó un ahorro “forzoso” debido a la contracción de la oferta de bienes y servicios y un manejo cauteloso de sus medios de pago ante la incertidumbre por una eventual afectación de ingresos por un período de crisis sanitaria del cual desconocen la duración y la forma de salida.
El Gobierno procuró amortiguar la caída de los ingresos de los ciudadanos mediante la flexibilización del seguro de desempleo, estableciendo subsidios para los agentes en dificultades y postergando el pago de impuestos. A su vez, el BCU flexibilizó el sistema de garantías para créditos empresariales (SIGA), promovió la postergación de amortizaciones de créditos contraídos con el sector financiero y redujo las obligaciones de encaje bancario en virtud de la expansión del crédito en moneda nacional.
La política monetaria contribuyó a generar la liquidez necesaria para abastecer la mayor demanda de saldos líquidos, no obstruir la concesión de créditos y facilitar el normal funcionamiento del sistema de pagos. Como consecuencia de ello, se habilitó un crecimiento de la base monetaria por encima de lo previsto para el trimestre, habiéndose flexibilizado dicho instrumento operativo con el propósito de amortiguar los efectos de la emergencia sanitaria.
En este sentido, la tasa call interbancaria continuó en niveles históricamente reducidos, promediando 5,7% en el trimestre. El comportamiento de la tasa call estaría indicando que la respuesta de política monetaria habría permitido mantener un contexto líquido en el mercado interbancario, sin generarse restricciones de liquidez a un día. Las tasas de las Letras de Regulación Monetaria (promedio de la curva de rendimientos) se ubican algo por encima del 10%, registrando un ajuste al alza de 100 puntos básicos respecto del trimestre anterior.
En el promedio del trimestre el peso se depreció 9%, siguiendo el comportamiento general de los competidores comerciales, y aún distanciado de los comportamientos de las economías de la región, donde Brasil se ubicó por encima del 19% y Argentina por encima del 10%.
En el año cerrado a mayo de 2020 la inflación alcanzó 11,05%. Aunque parte de la misma se explicó por elementos coyunturales y la evolución del tipo de cambio sobre la dinámica de los bienes transables, sigue estando muy por encima del rango objetivo. El sostenimiento de la senda descendente de los bienes no transables, casi 200 puntos básicos por debajo de los últimos 3 años, es un elemento que este Comité viene observando como positivo en la trayectoria hacia la meta.
Las expectativas de los agentes, que son un elemento central en un régimen de objetivos de inflación, muestran un guarismo de 8% en el horizonte de 24 meses, también por encima del rango objetivo. Si bien el escaso dinamismo de la actividad económica mitigaría las presiones inflacionarias, se considera adecuado que la política monetaria mantenga una posición que permita incidir positivamente sobre el proceso de formación de expectativas.