El escenario internacional continúa caracterizado por un elevado nivel de incertidumbre, que se ha profundizado. Las tensiones y riesgos geopolíticos vinculados a la evolución de las políticas de Estados Unidos incrementaron la debilidad global del dólar, especialmente en América Latina, lo que también se trasladó al mercado doméstico en Uruguay.
La reducción de la inflación en las economías globales presenta diferencias en la velocidad de convergencia. En Estados Unidos, las expectativas de inflación continúan desalineadas del objetivo de la Reserva Federal (Fed). En tanto, el mercado de trabajo mostró cierta mejora en noviembre, mientras que el gasto de consumo privado continuó en expansión. En este contexto, la reunión del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC, por sus siglas en inglés) en la reunión de enero decidió mantener las tasas estables.
La región muestra un bajo dinamismo de la actividad. En Brasil se proyecta una desaceleración de la actividad, con inflación y expectativas en descenso y cercanas al objetivo, mientras que el Banco Central mantuvo la tasa de interés en 15%. En Argentina, la actividad permanece estancada y la inflación mensual continúa elevada, aunque con menores tensiones financieras tras la refinanciación parcial de la deuda.
La inflación se ubicó al cierre del año en 3,65%, con un descenso de 45 puntos básicos respecto de noviembre y por debajo de la meta por sexto mes consecutivo. La inflación subyacente —que excluye precios administrados y frutas y verduras— descendió a 3,7% en términos interanuales. Esta evolución estuvo impulsada por la desaceleración del componente transable, asociada a la estabilidad de los precios de los commodities y al descenso del tipo de cambio. En tanto, los bienes y servicios no transables que integran la inflación subyacente también mostraron una desaceleración, aunque más gradual, y se ubicaron en 5,84%.
El proceso de desinflación en Uruguay se encuentra más avanzado que en la mayoría de las economías de la región. En el marco de un considerable consumo de bienes importados y la dolarización de algunos precios, la inflación muestra mayor sensibilidad a los movimientos del tipo de cambio que en países de la región. En ese contexto, los riesgos de desvíos de la inflación respecto de la meta y de su permanencia dentro del rango de tolerancia son elevados.
El promedio de las expectativas de inflación a dos años se ubicó en nuevos mínimos históricos. El último registro mostró un descenso a 4,85%, con la mayoría de los relevamientos ubicándose en torno a la meta. La mediana de los analistas se ubicó en 4,45% en enero, mientras que, con datos de diciembre, la de los operadores primarios en 4,62% y la de los empresarios en 5,3%.
La actividad económica muestra señales de moderación, en línea con lo previsto en la reunión anterior del Comité de Política Monetaria (Copom). Los indicadores de corto plazo sugieren un crecimiento más lento. El mercado laboral exhibió señales mixtas: en términos desestacionalizados, la tasa de actividad registró un leve incremento (de 64,4% a 64,5%), mientras que la tasa de empleo se redujo marginalmente (de 59,9% a 59,7%). En tanto, la masa salarial real creció 0,1% desestacionalizado en el trimestre móvil a noviembre, si bien se observó una leve caída en los últimos dos meses.
En el mercado financiero, la curva de Letras de Regulación Monetaria se desplazó hacia abajo en todos sus nodos, manteniéndose invertida.
El peso continuó apreciándose, en línea con otras monedas emergentes y siguiendo el debilitamiento global del dólar. Este movimiento se vio amplificado en Uruguay por condiciones disruptivas en el funcionamiento del mercado cambiario, que presentó desbalances puntuales entre órdenes de compra y venta, menor liquidez y movimientos discretos en algunos tramos. Asimismo, incidieron factores estacionales asociados a una elevada oferta de divisas vinculada a la temporada turística, así como a una menor demanda de dólares para las importaciones de petróleo, como consecuencia de la caída de su precio internacional. En este contexto, se observó una incipiente recomposición de portafolios por parte de los agentes residentes, asociada a una mayor preferencia por activos en moneda nacional, lo que contribuyó al fortalecimiento de la intermediación en pesos y del canal de transmisión de la política monetaria.