Minuta del Copom

COPOM del 26 de enero de 2026

Fecha
29/01/2026
1. Análisis del contexto económico

​​​​Global 
El escenario internacional continúa caracterizado por un elevado nivel de incertidumbre, que se ha profundizado. Las tensiones y riesgos geopolíticos vinculados a la evolución de las políticas de Estados Unidos incrementaron la debilidad global del dólar, especialmente en América Latina, lo que también se trasladó al mercado doméstico en Uruguay. 

La reducción de la inflación en las economías globales presenta diferencias en la velocidad de convergencia. En Estados Unidos, las expectativas de inflación continúan desalineadas del objetivo de la Reserva Federal (Fed). En tanto, el mercado de trabajo mostró cierta mejora en noviembre, mientras que el gasto de consumo privado continuó en expansión. En este contexto, la reunión del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC, por sus siglas en inglés) en la reunión de enero decidió mantener las tasas estables. 

La región muestra un bajo dinamismo de la actividad. En Brasil se proyecta una desaceleración de la actividad, con inflación y expectativas en descenso y cercanas al objetivo, mientras que el Banco Central mantuvo la tasa de interés en 15%. En Argentina, la actividad permanece estancada y la inflación mensual continúa elevada, aunque con menores tensiones financieras tras la refinanciación parcial de la deuda. ​


Local 
La inflación se ubicó al cierre del año en 3,65%, con un descenso de 45 puntos básicos respecto de noviembre y por debajo de la meta por sexto mes consecutivo. La inflación subyacente —que excluye precios administrados y frutas y verduras— descendió a 3,7% en términos​ interanuales. Esta evolución estuvo impulsada por la desaceleración del componente transable, asociada a la estabilidad de los precios de los commodities y al descenso del tipo de cambio. En tanto, los bienes y servicios no transables que integran la inflación subyacente también mostraron una desaceleración, aunque más gradual, y se ubicaron en 5,84%. 

El proceso de desinflación en Uruguay se encuentra más avanzado que en la mayoría de las economías de la región. En el marco de un considerable consumo de bienes importados y la dolarización de algunos precios, la inflación muestra mayor sensibilidad a los movimientos del tipo de cambio que en países de la región. En ese contexto, los riesgos de desvíos de la inflación respecto de la meta y de su permanencia dentro del rango de tolerancia son elevados. 

El promedio de las expectativas de inflación a dos años se ubicó en nuevos mínimos históricos. El último​​ registro mostró un descenso a 4,85%, con la mayoría de los relevamientos ubicándose en torno a la meta. La mediana de los analistas se ubicó en 4,45% en enero, mientras que, con datos de diciembre, la de los operadores primarios en 4,62% y la de los empresarios en 5,3%. 

La actividad económica muestra señales de moderación, en línea con lo previsto en la reunión anterior del Comité de Política Monetaria (Copom). Los indicadores de corto plazo sugieren un crecimiento más lento. El mercado laboral exhibió señales mixtas: en términos desestacionalizados, la tasa de actividad registró un leve incremento (de 64,4% a 64,5%), mientras que la tasa de empleo se redujo marginalmente (de 59,9% a 59,7%). En tanto, la masa salarial real creció 0,1% desestacionalizado en el trimestre móvil a noviembre, si bien se observó una leve caída en los últimos dos meses. 

En el mercado financiero, la curva de Letras de Regulación Monetaria se desplazó hacia abajo en todos sus nodos, manteniéndose invertida.  

El peso continuó apreciándose, en línea con otras monedas emergentes y siguiendo el debilitamiento global del dólar. Este movimiento se vio amplificado en Uruguay por condiciones disruptivas en el funcionamiento del mercado cambiario, que presentó desbalances puntuales entre órdenes de compra y venta, menor liquidez y movimientos discretos en algunos tramos. Asimismo, incidieron factores estacionales asociados a una elevada oferta de divisas vinculada a la temporada turística, así como a una menor demanda de dólares para las importaciones de petróleo, como consecuencia de la caída de su precio internacional. En este contexto, se observó una incipiente recomposición de portafolios por parte de los agentes residentes, asociada a una mayor preferencia por activos en moneda nacional, lo que contribuyó al fortalecimiento de la intermediación en pesos y del canal de transmisión de la política monetaria.
2. El análisis de la política monetaria


El Comité evaluó que el descenso de la inflación estuvo influido por la debilidad del dólar, lo que no favorece su convergencia hacia la meta y pone en creciente riesgo su permanencia dentro del rango de tolerancia. La dinámica desinflacionaria responde principalmente al comportamiento de los bienes transables y se ve reforzada por la estabilidad de los precios de la mayor parte de las materias primas. 

El significativo descenso de la inflación presenta desafíos adicionales, entre ellos la asimetría entre los componentes transables y no transables. Los distintos sectores de la economía han ajustado sus precios con rezagos heterogéneos, y algunos rubros con menor exposición a la competencia externa, como la salud privada y la educación, exhiben dinámicas de incremento de precios por encima del rango de tolerancia. Para el Banco Central resulta clave que la desinflación se produzca de forma simétrica y gradual, minimizando los desajustes entre sectores. 

​​Asimismo, persiste el predominio de los factores que presionan a la baja la inflación, si bien existen otros que podrían ejercer presiones al alza. Entre estos se encuentran la evolución de los precios de determinados alimentos, el dinamismo del crédito y el relajamiento de las condiciones financieras domésticas. En este contexto, el cambio proyectado en la normativa de encajes, que entrará en vigor en marzo, podría tener, en un escenario simulado, un efecto similar al de una reducción de 25 puntos básicos en la Tasa de Política Monetaria (TPM).
3. Decisión de política

El 26 de enero de 2026 se llevó a cabo la reunión del Copom, integrado por los tres miembros del Directorio del BCU, Guillermo Tolosa, presidente; Ana Claudia de los Heros, vicepresidenta; Julio Luis Sanguinetti, director; Leonardo Vicente, gerente de Política Monetaria; Fabio Malacrida, gerente de Gestión de Activos y Pasivos; Gerardo Licandro, gerente de Asesoría Económica; Juan Pedro Cantera, superintendente de Servicios Financieros; Gabriel Lago, jefe de Normativa y Vigilancia de Sistema de Pagos; Jorge Christy, secretario general e Isidra Delfino, gerenta de Comunicación Institucional. 

El Comité valoró positivamente la reducción de las expectativas de inflación, con la mayoría de los relevamientos situándose en torno a la meta. En cuanto a la actividad económica, se mantienen perspectivas de crecimiento por debajo de lo esperado. Sin embargo, tal como se señaló en diciembre, una inflación efectiva por debajo del objetivo constituye un desafío para la política monetaria. En este contexto, el debilitamiento del dólar a nivel internacional, junto con dinámicas atípicas en el mercado de cambios local, ponen en riesgo la permanencia de la inflación dentro del rango de tolerancia, lo cual requiere una mayor asertividad y determinación de la política monetaria. 

En función de esta evaluación, el Directorio resolvió por unanimidad reducir la TPM en 100 puntos básicos, ubicándola en 6,5%. Esta decisión da inicio a una fase expansiva de la política monetaria, en un contexto en el que se considera necesario sostener un impulso monetario que preserve condiciones favorables para la expansión del crédito y la continuidad del crecimiento, de forma consistente con la convergencia de la inflación y de sus expectativas hacia el objetivo de 4,5%. En este sentido, se prevé iniciar una revisión de la tasa de interés natural como insumo para la evaluación del posicionamiento de la política monetaria. 

Asimismo, el Directorio del BCU resolvió convocar a una reunión extraordinaria del Copom durante el mes de marzo. Esta instancia permitirá contar con la flexibilidad necesaria para continuar evaluando, de ser necesario, la profundización del sesgo expansivo de la política monetaria. De no mediar una normalización de las condiciones de mercado, el Directorio del BCU utilizará los instrumentos adicionales que considere necesarios, en el marco del régimen de metas de inflación, para contribuir a preservar condiciones ordenadas que favorezcan la permanencia de la inflación dentro del rango de tolerancia. Esto refleja la flexibilidad y agilidad de la política monetaria para ajustarse a la información disponible y al contexto macroeconómico. ​